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viernes, 25 de noviembre de 2011


Presentación del libro:


SIGNIFICADO Y Símbolo DE AL-ANDALUS
Por Pedro Martínez Montávez


¿ Al-Andalus es parte de nuestra identidad o de nuestra alter-identidad?
                       
Con motivo del 13º centenario de la llegada del Islam y de la lengua y cultura árabes a la Península Ibérica, y de la consiguiente configuración de Al-Andalus, y coincidiendo también con el 4º centenario de la definitiva expulsión de los moriscos, que supuso el quebranto de lo andalusí, el prestigioso arabista Pedro Martínez Montávez recoge en este volumen sus reflexiones sobre el significado y el símbolo de Al-Andalus, elaboradas a lo largo de varias décadas en ensayos histórico-literarios, investigaciones académicas, artículos periodísticos, semblanzas personales y propuestas de revisión panorámica, así como en una entrevista en la que expresa con detenimiento y hondura su visión sobre dicho período de nuestra Historia, cuyas huellas son aún perceptibles en la España del siglo XXI.

Pedro Martínez Montávez interviniendo.



Entorno a la intervención del autor

La visión de la historia es eurocentrista, algo antipedagógico y por ello, no creo en la compartimentación de la misma. De hecho, hay civilizaciones que han puesto su propio inicio a la historia, como por ejemplo la árabe. Esta visión compartimentista de la historia nunca incluye la posibilidad de intuir -que no predecir- lo que pueda pasar en un futuro, algo que es posible si se siguen los acontecimientos pasados y presentes.

Para Pedro Martínez Montávez, Al-Andalus siempre ha sido un fiel compañero de viaje. Estudiara lo que estudiara todo tenía relación, partía o se remitía al antiguo Al-Andalus. De ahí que este libro aparezca ahora, en la etapa de investigación más madura de su vida.
De joven, en Egipto le cambia la percepción de Al-Andalus, porque se da cuenta que es una moneda de dos caras, la hispánica y la árabe-islámica, esta última jamás reconocida. Esta cara árabe-islámica se descubre visitando la ciudad de los muertos, por ejemplo, donde se encuentran lápidas que velan por "el sevillano" o "el murciano". Se da cuenta que Al-Andalus no es sólo un hecho histórico, sino un sentimiento, y que debía aprender a sentir Al-Andalus para entender la cultura árabe. Este sentimiento se ve en el incesante nombramiento de comercios, cabaretes, en el cuerpo militar, hospitales y centros de estudios en todo el mundo árabe a partir de intelectuales (Averroes), o elementos arquitectónicos (Alhambra) del tiempo de Al-Andalus. Todo el mundo árabe está empapado de este recuerdo, de esta nostalgia.
Finalmente, entiende que Al-Andalus es una cuestión de seres humanos; no de estudiosos, académicos y demás científicos sociales: los árabes SIENTEN Al-Andalus, porque como hemos dicho, antes de ser objeto de estudio era objeto de sentimiento, sobre el que se cimentan también actividades reivindicativas como las de AlQaeda.
Por ello, a partir de Al-Andalus debemos ver como se desarrolla la identidad "hispánica" -el autor la prefiere a una identidad española-, con la incorporación de lo árabe-islámico. Y es tan importante porque no existen identidades únicas, son plurales. Y por ello, este libro intenta ver dónde se taracea la identidad y el sentimiento de Al-Andalus en la identidad hispánica. En definitiva, aspira a encontrar nuestra pluralidad. El libro es como un mejunje, pero de proporciones medidas, con un hilo conductor coherente hilvanado a partir de la experiencia profesional y personal del autor.

Presentación con Jesús Mari Alemany, Joaquín Lomba, Pedro Martínez Montávez y Carmen Ruiz BV.


En esta presentación le acompañaron Joaquín Lomba, Jesús María Alemany y Carmen Ruiz BV, presentando experiencias de la vida del autor, alabando el libro y expresando su opinión sobre la necesidad de mirar al pasado y presente de nuestra identidad para poder vivir en convivencia. 

Índice, si clicas sale en grande.


El libro se puede adquirir en librerías o reservar online a través de :






martes, 15 de noviembre de 2011


LA PAZ Y LA MEMORIA

por Alejandro Martínez

Sinopsis:
Pensar nuestro pasado con voluntad cívica nos dispone a adoptar una actitud más justa a la hora de integrar el recuerdo en la vida política. Esta es una obra sobre el concepto de historia y sobre lo que significa, en nuestras sociedades, relacionarse con el pasado y los problemas que nos encontramos al encarar las relaciones entre memoria y política, entre la paz y la gestión del recuerdo. “No se trata de olvidar la muerte, en ningún caso es preciso callar su memoria, pero en algún momento después del drama se hace preciso emprender un complicado ejercicio moral en el que la mirada del odio puede transmutarse en la mirada del entendimiento. La memoria no puede atorar los caminos de la ciudadanía. Al contrario: nos ofrece las claves para extenderlos bajo el imperativo de la verdad y la exigencia de la justicia. Es posible amar después de la muerte, pero no a cualquier precio.
Adjuntamos el índice del libro


Sobre el autor a grandes rasgos

Alejandro Martínez, miembro de la Fundación SIP, no es una promesa, es una realidad porque ya ha realizado importantes trabajos de investigación: ha sido becario en el instituto de filosofia del CSIC de Madrid y en el Departamento de Filosofia de la Universidad de Zaragoza; y ha participado en numerosas ponencias y conferencias. Por si no fuera suficiente, ha realizado publicaciones en revistas, libros colectivos, etc. Actualmente, es becario FPU en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Zaragoza mientras prepara su tesis doctoral sobre la temporalidad y la política en Walter Benjamin.

Alejandro Martínez durante la presentación de su libro.

"El historiador contemporáneo que atiende a los imperativos de la memoria incorpora a su profesión una exigencia de justicia."


La presentación de este libro no puede ser más oportuna, y más útil, hoy que existe tanta polémica en cuanto a la memoria histórica.Este libro tiene como base una investigación realizada por el autor con el apoyo de la Fundación SIP (Seminario de Investigación para la Paz) de Zaragoza, en el marco de su convenio con las Cortes de Aragón.



Alejandro, pese a su humildad en el prólogo, presenta un trabajo complejo, reflexionado y que obliga a reflexionar, un verdadero ensayo sobre la memoria, la historia y la paz. Existen tres conceptos que llaman especialmente la atención. El primero es la relación entre pasado e historia, y para definirlo Alejandro usa el término de Jenkins: "el pasado es a la historia, como el paisaje a la geografía". El segundo trata el concepto de memoria compartida, y ya no memoria colectiva o memorias colectivas. Esto es así porque en una memoria hay diversos tipos de interpretaciones que responden a diferentes memorias según los actores que han vivido los hechos. Un pueblo sin memoria es un pueblo con Alzheimer, ya que como dice Borges "nosotros somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos".
La memoria no es una moda, ha existido siempre. En el libro, la investigación historiográfica de Alejandro comenta como el imperio romano se convierte en un gran artista a la hora de utilizar la memoria y el olvido. Los romanos la usaban para crear cohesion, identidad y sentimiento de comunidad romana. El olvido se exponía como castigo (también ocurrió en tiempos de Stalin con la famosa foto de la cual se borró a Trotsky, después de ser asesinado). Sin embargo, es extremadamente díficil borrar la memoria, siempre permanece, en silencio o silenciada. Pero no nos equivoquemos, no solo los regímenes totalitarios manipulan la historia, sino también ciertos nacionalistas excluyentes, que nacieron a finales del siglo XIX y permanecen en la actualidad. Solo la democracia garantiza la pluralidad en la sociedad y en la historia, puesto que en una sociedad libre no puede existir una historia oficial ni versiones oficiales del pasado. 

Presentación de libro con Alejandro Martínez, Carmen Magallón y Julia Remón


Intervención del autor

El día de la presentación del libro coincidió curiosa e involuntariamente con dos aniversarios: la noche de los cristales rotos y la caída del muro de Berlín. Ello es una prueba evidente de hasta que punto el pasado está en nuestra vida contemporánea. Al abrir el periódico y ver los títulares de estos dos aniversarios, se crea una disyuntiva, puesto que no todos miramos al pasado con la misma ideología, de la misma manera, con los mismos sentimientos. Por ello, es un asunto que debemos aprender a gestionar. Debemos encontrarnos en un pasado común, en un mínimo común denominador. Para ello, debemos afianzar la idea de que cuando "trabajamos con el pasado, estamos realizando un trabajo moral". Cuando un historiador analiza el pasado, lo hace siempre desde un punto de vista; y eso debe hacerlo constar en su obra. Esa moral con el que el historiador analiza el pasado es una oportunidad de entender que todos miramos parcialmente la realidad y que siempre nos falta el otro punto de vista. Este libro pretende transmitir esta concepción dialectal con la que trabajar con el pasado y la memoria.

En definitiva, el libro no tiene tanto que ver con la memoria o el pasado, sino que ésta es la excusa para fundamentar un proyecto de vida en común, en una situación en la que no podemos renunciar a algo que no depende de nosotros, sino que es un imperativo de la realidad: las sociedades son heterogéneas. Consecuentemente, no podemos plantear el pasado de esas sociedad de una manera única, unívoca o unidireccional. Podemos compartir una memoria, pero que una misma sociedad posea una misma memoria es insostenible. Debemos construir relatos, narrativas con los mínimos denominadores comunes sobre los que crear memorias compartidas y ser conscientes de esta realidad dialectal.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LAS PRISIONES ¿SIRVEN PARA HUMANIZAR?


Sesion del Seminario Las paces de cada día, 4 y 5 de noviembre: cierre del ciclo, con Mercedes Gallizo y Pedro Santisteve.

Dostoievski: <<El grado de civilizacion de una sociedad se observa visitando sus cárceles>>.

Los momentos de más interés:


"Merece la pena ir transformando la situación, intentar conseguir prisiones más humanas.
Todos estamos condicionados por la opinión pública, que es unívoca: la sociedad demanda el endurecimiento de las penas continuamente. Deberíamos promocionar un sistema de justicia alternativa, que ya está en marcha, por medio de ayudas y creación de puestos de trabajo. Sin embargo, la tarea más importante es concienciar a la sociedad la necesidad de este nuevo sistema de justicia alternativa".
Mercedes Gallizo
Secretaria General de Instituciones Penitenciarias


"El estado ha reducido el gasto social a lo mínimo e indispensable, la economía ahora se mueve en un mundo supranacional en el que los estados no ejercen ningún control.
Hoy en día, existe un riesgo de privatización descontrolada de los servicios públicos, como en EEUU. Se ha empezado por el área de menores, pero acabaremos por fomentar las alianzas entre el mundo empresarial y el voluntariado, con el peligro que ello supone para el estado del bienestar.
Se deberían promover las penas alternativas a la prisión (sigamos el ejemplo de los países nórdicos) como el tercer grado o los permisos penitenciarios y así, ir reduciendo el número de presos y favorecer la reinserción. Si expandimos la privación de libertad y su carácter punitivo, nos cargamos el sentido de comunidad, sociedad participativa y responsabilidad social".

Pedro Santisteve,
Abogado y profesor de derecho de la Universidad de Zaragoza



Conferencia del viernes 4 de Noviembr

"La delicuencia no se soluciona con la prisión, sino dentro de la sociedad y desde la política. Si bien es cierto que existen mejoras sustanciales en las instituciones penitenciarias, el sistema penal permanece sin cambios significativos, e incluso con endurecimiento de penas (años mínimos obligatorios).
La prisión reune a los pobres, gitanos, drogatas, analfabetos, no a la gente pudiente. El sistema penal juzga las conductas de los más desfavorecidos y en situación de exclusión social con mucha más dureza y crueldad que las de los delincuentes fiscales.
No existen políticas sistémicas: la sociedad no sostiene a las personas que salen en libertad y la estancia en prisión acentúa las pobrezas y carencias que llevan al preso a cometer el delito, por ello, luego, a menudo, reinciden.".
Carlos Piñeyroa Sierra,
Asociación ¿Hablamos?

"La misma institución no puede gestionarlo todo, hacerse cargo de la prevención de delitos y de la posterior reinserción del preso.
Los ciudadanos cedemos libertades a cambio de seguridad, pero con las prisiones cedemos la libertad de otros por nuestra seguridad.
España es uno de los países con mayor desigualdad en la UE. Al mismo tiempo, teniendo el menor índice de violencia europeo, tiene el mayor número de presos. De hecho, no es tan dificil acabar en la cárcel. El código penal es muy duro.
Hemos de fomentar las oportunidades para la reinserción. Pero si el preso ha vivido extirpado de la sociedad en la que tienes que reinsertarse ¿Cómo lo hace? Como consecuencia de las dificultades que encuentra en el exterior, el preso vuelve a su entorno de exclusión social donde aumentan las probabilidades de reincidir".

Jesús María Alemany,
Presidente de Fundación SIP

"En este tema de las prisiones existe muchas similitudes con cooperación y desarrollo. Se necesita hacer un buen diagnóstico para desenmascarar la idea que genera el sentimiento de inseguridad en la sociedad.
Se plantean dos ideas: 1) La necesidad de trabajar con las víctimas de delitos, que pueden sufrir un trauma que afianza el sentimiento de inseguridad; 2) Averiguar el por qué hay tantos hombres y tan pocas mujeres en las cárceles".

Montse Reclusa,
Miembro del consejo de la Fundación SIP y funcionaria del Ayuntamiento de Zaragoza

"A mí me gustaría hacer especial hincapié en los presos disminuidos psíquicos. Está demostrado que algunos tienen la mentalidad de un niño de 10 años, entonces ¿qué beneficio puede haber en meterlo en la cárcel?"

Julia Remón
Catedrática de Historia, Universidad de Lérida


"Existen dos preguntas básicas: ¿Por qué son los más pobres de los pobres los que acaban en prisión? ¿Cómo mejorar esta situación?
De estas preguntas se deriva la central de nuestro debate: ¿Las prisiones sirven para humanizar? Es la sociedad la que deshumaniza a los presos, excluyéndolos y, sobre todo, olvidándolos: esto también hay que cambiarlo".

Carmen Magallón
Directora de la Fundación SIP

"El preso también ha perdido la confianza en la sociedad.
Un problema importante es que las cárceles y los presos no se ven. Y se tiene más miedo a lo que no se ve que a lo que se ve.
Si los presos no pueden participar en política para que el cambio se realice desde dentro, entonces habrá que fomentarlo desde fuera. Eso solo se consigue con avances en materia educativa".

Mamen López
Fundación Piso

"Las cárceles no sirven para humanizar. Debemos cuestionar la industria carcelaria.
Las cárceles, en realidad, recogen el fracaso de las políticas sociales.
Solución: priorizar el tema de prevención de delitos.
Hay que prestar especial atención a la familia del preso, porque ella también sufre el hecho de la prisión."

Sheila Hernández
ASAPA
Sesión de debate, sábado 5 de Noviembre.


Cierre del debate:

"Es muy importante que se trabaje la opinión pública en lo referente a las prisiones.
Es necesaria una reeducación social: cambiar la visión social de las cárceles.
El papel de las ONG's es fundamental y singular porque ayudan a humanizar y da transparencia al sistema (gracias a su conciencia crítica).
Los Trabajos en Beneficio de la Comunidad (TBC) tendrían que realizarse en el ámbito en el que se cometió el delito.
Se deben construir centros más próximos a las ciudades."

Mercedes Gallizo
Secretaria General de Instituciones Penitenciarias

"Debemos socializar a los jueces, más allá del mundo del código penal y del poder.
En los medios de comunicación, por ejemplo, en los programas basura y otros, también hay un riesgo de manipulación: y eso sólo se corrige con una legislación que lo afronte.
Fomentar la educación en temas penitenciarios, un aula didáctica en los institutos sería un buen comienzo.
Y respetar la ley órganica en las prisiones, ya que es superior a la ley condenatoria".

Pedro Santisteve
Abogado y profesor de derecho de la Universidad de Zaragoza

 
Para más información sobre opiniones y el tema:


Pedro Santisteve:


Mercedes Gallizo: