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miércoles, 27 de junio de 2012

Afganistán, Crónica de una ficción, por Mònica Bernabé


El pasado jueves, 21 de junio, se celebró en la Fundación SIP la presentación del libro de Mònica Bernabé, Afganistán, Crónica de una ficción. Por primera vez, Mònica recurre al relato personal porque así pudo entender muchos aspectos de la sociedad y realidad afganas. Compartiéndolas, espera acercar Afganistán a los lectores. También pretende mostrar los inconvenientes de ser mujer en ese país (sin olvidar sus ventajas). En su libro, Mònica explica las dificultades que se le han presentado al vivir en Afganistán, muchas de ellas impuestas por el Ministerio de Defensa español cuando intentaba informar sobre ciertas noticias o tener acceso a las bases españolas. Culpa a la parte política de esta opacidad informativa sobre la labor de las tropas españolas en Afganistán, pero no a la parte militar. Por último, desea desmitificar la figura del corresponsal de guerra, término idealizado a su parecer.

La autora nos contó que la historia del Afganistán actual se remonta a la guerra contra la URSS en 1980. Durante esta guerra, EEUU apoyó a los grupos muyahidines, facciones fundamentalistas islamistas. Cuando la URSS se retiró, estas facciones lucharon entre ellas por conseguir el control del país hasta que éste, en constante guerra abierta, quedó arrasado. En 1994, llegaron los talibanes, huérfanos de la guerra contra la URSS que se habían formado en escuelas fundamentalistas islámicas en Pakistán. Según narra la autora, apareciendo como los salvadores, se hicieron con el poder en el país, después de una guerra civil. Si bien es cierto que había represión, al menos la población no sufría una guerra abierta y constante. Las facciones muyahidines se aliaron (Alianza del Norte) y se replegaron en el norte de Afganistán. Después del 11S, EEUU volvió a recurrir a estas facciones para hace caer el régimen talibán (mientras EEU lanzaba un ataque aéreo, los muyahidines avanzaban por tierra). Finalmente, en la conferencia de Bonn auspiciada por las Naciones Unidas se aceptó que los muyahidines tomaran el control de las principales carteras de gobierno. De ahí el gran problema de Afganistán: “estar controlado por unos criminales de guerra, con el apoyo de la ONU, que propician la corrupción generalizada del gobierno afgano y de todos los estamentos de poder”. 

Las tropas españolas, explicaba Mònica, están en la base de Qala-e-Now, que podría considerarse un pueblo pequeño pero que ostenta la capital de la provincia de Badghis. Es una de las ciudades que menos le atrae puesto que entre otras peculiaridades, solo hay electricidad cuatro horas al día; agua a días alternos; y no existe prácticamente un lugar donde alojarse o donde comer si eres mujer. Como ella afirma, “si no fuera porque las tropas españolas están ahí, ni me plantearía ir”. Mònica afirma que el problema es que el Ministerio de Defensa español, encabezado por Carme Chacón y su director de comunicación, decidieron impedirle la entrada a la base española o el contacto con los militares. Curioso es, sin lugar a dudas, que Bernabé esté acreditada como periodista internacional y que pueda acceder a cualquier base militar de cualquier país, excepto a las del suyo propio. 
La situación, sin embargo, entraña muchas más dificultades que la simple prohibición por parte del Ministerio de Defensa puesto que, como dice Mònica, tiene que aprender a jugar entre dos aguas. Las tropas españolas tienen una gran fuerza en la región junto con el gobernador. Éste, que se comporta como un señor feudal, no quiere tener problemas con las tropas españolas. Por lo tanto, Mònica tiene que evitar “plantar cara” a las prohibiciones españolas para poder entrar en la ciudad de Qala-e-Now y no obtener una restricción informativa también del gobernador de la región de Badghis. 

Bernabé empezó a escribir el libro mucho antes de que el PSOE perdiera las elecciones, puesto que quería demostrar la censura democrática que existe sobre la labor de las tropas españolas en Afganistán y la falta de información. Como ella dice “lo hago por respeto a la democracia y a aquellos que se están jugando la vida en Afganistán. Es un derecho que la opinión pública sepa qué está pasando, lejos de estar o no de acuerdo con la misión”.