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lunes, 14 de mayo de 2012

El Despertar Árabe Visto Hoy (parte 1)


El pasado viernes 4 de mayo se celebró la última conferencia sobre las revoluciones árabes. El tema clave fue el análisis del despertar árabe del 2011 visto un año después. Para ello, contamos con la presencia de Haizam Amirah Fernández, investigador principal  del mundo árabe del Real Instituto Elcano, y María Antonia Martínez-Núñez, profesora de la Universidad de Málaga.
En un primer momento, Haizam estructuró su ponencia alrededor de tres preguntas oportunas y necesarias para comprender el famoso despertar árabe. 

¿Qué es lo que sabemos que ha ocurrido desde finales de 2010 y principios de 2011?
Se han dado movilizaciones sociales pacíficas en poblaciones del interior del país a causa de la inmolación de un joven en Túnez. Existen opiniones divergentes sobre cuál fue el punto de partida de las revoluciones árabes. Algunos opinan que ésta empezó antes de la inmolación del joven tunecino, en el campamento por la libertad en el Sahara Occidental. 

Túnez es el país que demostró que era posible el cambio. La sociedad árabe ha perdido el miedo hacia la posible represión del régimen. El excepcionalismo árabe parecía acabar con estas revoluciones. En sus eslóganes se leía: “Dégage”, “Karama” y otros mensajes como dignidad, igualdad, libertad en varios idiomas, porque sabían que la comunidad internacional los estaba observando, siguiendo. Nadie sabía cómo podrían acabar estas movilizaciones en Túnez, pero los primeros sorprendidos fueron los manifestantes cuando se enteraron de que Ben Alí había salido del país.

¿Qué es lo que se creía que se sabía del mundo árabe? Y de todas esas cosas ¿cuáles eran válidas y cuáles no?
Hasta ahora se creía que la falta de democratización de esos países se debía a que entendían la democracia como algo occidental y ajeno a ellos, no compatible con su religión. Se creía que los regímenes tenían el control pleno de sus sociedades, garantizando así la estabilidad interna y regional. Con ello, las potencias occidentales tenían acceso a los recursos naturales. Se creía que la sociedad veía legítima esa situación y que eran súbditos que adoraban a sus líderes. Se tenía la idea de que el Yihadismo violento sería el que derrocaría a los regímenes dictatoriales, pero ninguno de los atentados sirvió para mucho. Al contrario, las revoluciones pacíficas han sido el principal motor de cambio. Por último, se creía que las movilizaciones en Túnez se ceñirían a una situación local y que no se extenderían porque en Túnez existía un mayor nivel educativo, mayor apertura internacional y mayor orientación hacia Europa. Sin embargo, después de la caída de Ben Alí (al cual Francia ofreció material antidisturbios) y de la caída de Mubarak (al que Hillary Clinton defendió en público) se dieron cuenta de que las protestas no solo se extenderían, sino que acabarían con más regímenes autoritarios y la legitimidad de Europa en el mundo árabe se vería en entredicho. 


¿Qué nos falta por saber?
Los nuevos actores políticos que entran en el juego de la transición de aquellos países que ya  han derrocado a sus regímenes autoritarios deberán ser estudiados en profundidad porque son de naturaleza muy diversa  (activistas, grupos sociales…) y de características únicas según la singularidad del país, bien sea Túnez o Egipto. Dentro de este contexto, no sabemos cuáles van a ser las nuevas reglas del juego. Algunos están construyendo un nuevo estado, como Libia, y otros están reformando sus sistemas políticos como Túnez o Egipto. La incógnita es el tipo de reparto de poder en torno al cual se organizarán las instituciones del Estado: ¿serán presidencialistas, o semipresidencialistas? ¿Parlamentarios? ¿Constitucionales? Túnez está redactando una nueva constitución y en Egipto ésta se está reformando.
Habrá que prestar especial atención a las futuras políticas económicas: ¿Qué sistema van a implantar cuando en Occidente se está demostrando que el liberalismo económico “ha fracasado” debido a la crisis voraz en la que están sumidos? Existen muchas dificultades de actuación porque se ha experimentado un descenso en las inversiones extranjeras, en el turismo (uno de los principales sectores económicos de esos países) además de repetidas huelgas y  movilizaciones de trabajadores.
Mayor hincapié se debe hacer en estudiar las futuras políticas exteriores con la UE y EEUU, los países sudamericanos y entre ellos. En estos momentos estamos en el fin de la era de las ideologías. Las sociedades están demandando soluciones reales a problemas reales, más justicia social y equidad. Las pasadas ideologías de anticolonialismo, imperialismo, panarabismo o islamismo han quedado obsoletas. Ahora hay un nuevo concepto de ciudadanía, porque hasta ahora los ciudadanos para los dictadores eran súbditos. Los ciudadanos intentan actuar de forma colectiva, buscando soluciones colectivas a través del intercambio de ideas.
Como conclusión, habría que hacer un ejercicio optimista. Si la situación se desarrolla como hasta ahora, estos países tendrán más democracia, más justicia social, y más equidad y serán una oportunidad para las inversiones de Occidente, fomentando un nuevo modelo de estabilidad regional que servirá para el desarrollo mutuo. En el peor de los casos, el mayor riesgo es el radicalismo religioso o de otro tipo, mayor inmigración y mayor contagio de la posible frustración. Sin embargo, el fatalismo no es la opción de Occidente. Debemos acompañar a estos países y asesorarlos en el proceso de reformas hacia la democracia. 

Pd. El resumen de la ponencia de María Antonia Martínez-Núñez se publicará en unos días. 

 

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