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miércoles, 4 de febrero de 2015

ALGO VA MAL


Durante el mes de diciembre se celebró el III Foro de Jóvenes de Aragón dedicado a la seguridad internacional en el globalizado mundo actual. Como ponentes contamos con Claudia Pérez Forniés, Nerea Vadillo Bengoa y Jesús A. Núñez Villaverde. Éste último, en sus primeros minutos de intervención afirmó que la seguridad internacional no pasa por un buen momento. Quizá no sirva de mucho establecer comparaciones con otras épocas pero está claro que algo falla cuando ocurren cosas como las que vemos continuamente en los telediarios:
-          Un iraní toma varios rehenes en una cafetería en Australia. Tres personas mueren.
-          Un país occidental gasta más del doble de recursos para combatir el ébola en su territorio, donde se han dado un par de casos, que en el foco del virus, donde se cuentan por miles.
-          Rescatan una patera con solo 28 supervivientes de los 58 ocupantes iniciales cerca de Almería que intentaban llegar a la península en busca de una vida digna.
-          El Estado Islámico (DAESH) distribuye una guía sobre como tratar a las mujeres en la que las califica de esclavas y contempla la violencia física y sexual.
-          Un informe del Senado norteamericano revela las torturas a las que fueron sometidos los sospechosos del terrorismo tras el 11-S.
Estas noticias, tan solo algunas de las acontecidas en la segunda semana de diciembre de 2014, nos permiten hacernos una idea de la cantidad de noticias terribles que se dan a lo largo de un mes.
Tras el fin de la Guerra Fría el bloque llamado occidental se quedó sin enemigo sobre el que fijar las miradas. Como es un recurso cómodo y habitual la búsqueda de un enemigo externo que permita desviar la atención de los problemas internos, cercanos, no tardaría mucho en encontrar uno nuevo: el mundo islámico. En los medios de comunicación el yihadismo, el terrorismo islámico o el Estado Islámico/ISIS/DAESH -como se le quiera denominar-, se presentan como las grandes amenazas para la paz y seguridad internacional, mientras que las muertes por pobreza y desnutrición son, en ocasiones, tratadas como algo superficial pese a ser en cuantía infinitamente superiores. En el mundo globalizado de hoy la mayor causa de conflicto es la desigualdad.
Tradicionalmente el mayor riesgo para la paz lo constituían los conflictos armados convencionales pero hoy existen nuevas amenazas como el terrorismo, las organizaciones criminales internacionales, las armas de destrucción masiva, la pobreza, los conflictos culturales, étnicos o religiosos, las amenazas derivadas del medioambiente y las epidemias. Para luchar contra estos desafíos “la multilateralidad es una obligación, no una opción” según Jesús Núñez. Ningún Estado puede enfrentarse por sí solo a estos problemas, su esfuerzo sería en vano pues no hay fronteras para los riesgos actuales.
Pero, conviene diferenciar de amenazas y riesgos, como Javier Jiménez Olmos, organizador del Foro, observa: los riesgos son la potencialidad de una amenaza, los conflictos surgen cuando los riesgos no son tratados convenientemente y se convierten en amenazas.
Respecto al desenfoque de la realidad que antes mencione, ¿no sería más rentable (por lo menos en cuanto a vidas humanas) destinar más dinero al desarrollo o la educación que a los ejércitos? La percepción de la amenaza es muy subjetiva, depende de diversos factores como localización, momento temporal, situación económica, entre otros. El entorno y los medios de comunicación también tienen un papel clave. Ellos marcan la agenda y encuadran lo que les interesa, de ahí su gran poder hoy en día. La razón última de ese desenfoque reside en que somos corresponsables del malestar e inseguridad de muchos de nuestros semejantes; es decir, es nuestra conducta la que provoca, en ocasiones, riesgos y amenazas. Pero es más fácil echar la culpa a otro o camuflar el problema que asumir responsabilidades y cambiar las reglas del juego.
No es momento de grandes debates, ni de buscar culpables, ni de desviar la atención. Conocemos gran parte de nuestros problemas y tenemos medios y recursos para combatirlos. Es hora de actuar, de buscar soluciones y de cambiar las reglas. Es imprescindible para ello que las instituciones internacionales, con Naciones Unidas a la cabeza, den un paso al frente y empiecen a funcionar como verdaderos gobiernos supranacionales. Igualmente una sociedad civil internacional que pueda y quiera exigirles.




Por Mario Coscolin.

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